Cuando una relación amorosa llega a su fin, cambia la rutina completamente, ahora el reto es aprender a vivir sin lo que se sentía seguro, sin esa persona que se sentía como un apoyo. La mente se dispersa en los recuerdos de lo que fue estar enamorado, absolutamente todo es un recordatorio de que ese amor no va a volver; y si recordar es doloroso, lo es aún más cuando ese proceso gira en torno a una relación que terminó mal. Este proyecto se centra en la nostalgia y la incapacidad de expresar emocionas verbalmente después de experimentar un corazón roto orientado hacia la perspectiva femenina; es también cómo el diseño gráfico puede ser una herramienta de acompañamiento emocional con las metáforas visuales y la interactividad. Este proyecto se convirtió en una experiencia colectiva a partir de una personal, se busca que otras mujeres encuentren una luz de esperanza y se identifiquen con el proyecto, que se sientan vistas y validadas. La intención principal es acompañar, no sanar.
El proyecto surge como una propuesta de diseño orientada a facilitar la expresión emocional en contextos donde la verbalización resulta difícil o insuficiente. El proyecto parte de la premisa de que el diseño gráfico, en diálogo con la narrativa visual, puede funcionar como una herramienta de acompañamiento emocional, capaz de ofrecer espacios simbólicos para la introspección y el reconocimiento de vivencias internas.
Crear una herramienta interactiva que, a través de la construcción de un mundo distópico narrativo, permita canalizar la nostalgia y la melancolía surgidas de la separación amorosa, promoviendo procesos de introspección, elaboración y sanación emocional.